Los péptidos se han puesto de moda en la industria del fitness y del deporte en general por su capacidad para estimular las ganancias musculares e incluso para acelerar la recuperación de algunas lesiones difíciles, como las que afectan a ligamentos o tendones. ¿Pero que hay detrás de estos compuestos? ¿Es realmente oro todo lo que reluce?
Aunque en los últimos años se han acumulado ciertas evidencias favorables, sigue habiendo una laguna de estudios importante frente a unos elementos que en muchas ocasiones solo han sido testados en animales.
¿Qué son los péptidos?
Estamos hablando de cadenas cortas de aminoácidos, los constituyentes de las proteínas. Muchos péptidos presentes en la naturaleza actúan como hormonas, factores de crecimiento o moléculas señalizadoras. No son suplementos, aunque sí entran en la categoría de ayudas ergogénicas. Eso sí, en la mayor parte de los casos, son compuestos cuyo uso está prohibido por parte de las agencias antidopaje.
Lo que hacen los péptidos es modular la proliferación celular, la síntesis proteica, la angiogénesis, la inflamación, la eritropoyesis y el metabolismo en general. Por este motivo tienen un poder muy grande a la hora de incidir sobre mecanismos fisiológicos claves dentro del contexto del rendimiento deportivo o de la recuperación.
Pero al mismo tiempo, y como cualquier otro elemento con función hormonal, sus interacciones son complejas y pueden generar efectos secundarios en diversos tejidos. Su uso requiere de una regulación por parte de las autoridades que todavía no ha sido elaborada, pues faltan tests en humanos que confirme su viabilidad y dosificación oportuna.
Clasificación y mecanismos biológicos
Existen varios tipos de péptidos en función de proceso fisiológico que modulan. No todos actúan igual ni persiguen el mismo objetivo.
En primer lugar tenemos los que actúan sobre el eje hormonal GH/IGF-1. Estos promueven la liberación de hormona del crecimiento o de sus análogos. Activan la vía JAK-STAT y la mTOR, por lo que aumentan de forma directa la hipertrofia muscular. Esto se salda con una mayor retención de compuestos nitrogenados y con una influencia directa sobre el metabolismo de los lípidos y de los glúcidos.
Por supuesto son compuestos interesantes para promover el aumento de masa magra y la recuperación. También pueden funcionar en aquellos atletas que quieran incrementar la oxidación de las grasas y reducir el porcentaje adiposo. A día de hoy están casi todos prohibidos. Ejemplos serían la somatropina y la mecasermina.
Después están los péptidos que inciden sobre la eritropoyesis y sobre el transporte de oxígeno. Aumentan la producción de glóbulos rojos y las vías relacionadas con HIF (factor inducidle por la hipoxia). Consiguen activar la médula ósea y el VO2max, lo que se traduce en mayor eficiencia en el aprovechamiento de oxígeno por parte de los tejidos.
Son ideales para deportes de resistencia, pues inciden directamente aumentando el tiempo hasta el agotamiento. Pero como otros compuestos que generan adaptaciones similares provocan un riesgo de trombosis por mayor viscosidad sanguínea. Están también prohibidos. Ejemplos serían la darbepoetina o el roxadustat.
Tenemos también los péptidos de crecimiento y modeladores de la regeneración tisular. Actúan promoviendo la proliferación celular y la angiogénesis. Remodelan la matriz extracelular e incrementan la actividad de las células satélite. Hasta afectan a la producción de colágeno tipo I y tipo III.
Son especialmente interesantes en procesos de recuperación de lesiones. Sobre todo en tendinopatías, problemas ligamentosos o en lesiones musculares. Hasta en tejidos poco irrigados pueden llegar a actuar acelerando la vuelta de los atletas a la normalidad deportiva. El problema: los ensayos en humanos son muy limitados. Ejemplos serían el BPC-157, el TB-500 o el FGF.
Hablaremos también de los péptidos inmunomoduladores y antiinflamatorios. Estos controlan la inflamación crónica y manejan la producción de citrinas. Son interesantes para mejorar la recuperación sistémica. Podrían facilitar el desempeño en deportistas sometidos a alta carga o en fase de rehabilitación. Aquí destacan el LL-37 o el thymosin alpha-1.
Y para terminar haremos mención a un péptido que seguro que todo el mundo conoce ya. La semaglutida. Es un análogo del GLP-1 que reduce el apetito, mejora el control glucémico e induce la pérdida de peso. Ha sido aprobado por las autoridades sanitarias para el tratamiento de la diabetes de tipo 2 y se situaría dentro del grupo de los péptidos metabólicos.
Evidencia en el rendimiento deportivo
Como comentamos, los péptidos son un conjunto de sustancias heterogéneas que cuentan con evidencias escasas, al menos en humanos. En teoría muchos deberían de mejorar la masa magra, la fuerza, la potencia y la capacidad de recuperación.
Si bien es cierto que los análogos de la GH sí consiguen aumentar el tamaño muscular, no está claro que tengan un impacto claro sobre los valores de fuerza. Además su uso puede conllevar riesgo metabólico.
Los péptidos eritropoyéticos sí tienen un efecto directo sobre el rendimiento, en especial aumentando el tiempo hasta el agotamiento, pero a costa de provocar un mayor riesgo trombótico. El impacto sobre el sistema cardiovascular es elevado, y por ello están prohibidos.
Donde más controversia hay es en el campo de los péptidos que aceleran la recuperación de lesiones. Los ensayos son en modelos animales y muchas veces no hay mejoras claras medidas de forma objetiva. Los resultados positivos suelen basarse en biomarcadores intermedios.
No obstante, hay ciertos datos preclínicos con estos compuestos que apuntan al optimismo. En humanos se han llegado a probar como coadyuvantes en tratamientos de cirugía de LCA, y existen algunos trabajos que muestran mejoras en la recuperación y en los valores de fuerza posteriores.
Puede que ciertos elementos como el BPC-157 también lleguen a ser de utilidad en las tendinopatías. En animales y en laboratorio se han logrado avances, pero todavía faltan pruebas sólidas en humanos que los corroboren. Al final hablamos de tejidos con baja irrigación, lo que limita la llegada de nutrientes necesarios para los procesos regenerativos. Algo parecido sucede con los problemas de cartílago.
Efectos adversos de los péptidos
Si bien los beneficios todavía no han sido corroborados con trabajos serios, el uso de péptidos conlleva ciertos riesgos potenciales que es necesario conocer.
El uso de análogos de la GH suele provocar edemas, mialgias, paréntesias y síndrome del túnel carpían. También empeora la resistencia a la insulina e incluso puede generar hipoglucemias. En el caso de que existan células malignas en el organismo el uso de dichos compuestos dispararía su realización.
Ya hemos mencionado que tanto la EPO como los compuestos que activan la eritropoyesis impactan negativamente sobre el funcionamiento del sistema cardiovascular a medio plazo.
Quizás la parte más oscura viene cuando hablamos de los péptidos regenerativos. Aquí no hay efectos secundarios bien definidos, pero tampoco un perfil de seguridad claro. El problema principal es que se suelen adquirir en el mercado negro, y esto conlleva contaminación con tóxicos. Quizás el perfil beneficio/riesgo termine siendo favorable en un futuro si se llega a permitir y estandarizar su uso, pero de momento es complicado valorarlo.
De todos modos es importante estudiar el efecto sobre la contractilidad cardíaca o la hipertrofia ventricular de todos aquellos elementos que estimulan la síntesis proteica o la ganancia de fuerza. Es uno de los peligros claros de los anabolizantes, pues generan disfunción del corazón a medio plazo. Hay que ver si los péptidos pueden llegar a provocar tal efecto.
Trabajos recientes de interés
Dentro de los artículos recientes que exploran el uso de péptidos podemos citar el trabajo de McGuire y colegas ya que realizan una revisión de buena calidad sobre los beneficios y los riesgos del BPC-157 para la recuperación de lesiones muscoloesqueléticas.
En el 2025 se ha publicado otro ensayo grande sobre la seguridad y la eficacia de la thymosina para el tratamiento de la sepsis. Lo cierto es que no se encuentran grandes efectos derivados del uso de un compuesto que, en principio, debería de actuar como inmunomodulador y antiinflamatorio.
Sin embargo sí hay mucha literatura sobre el uso de un péptido de carácter metabólico, la semaglutida. Provoca mejor control glucémico, regulación del apetito y pérdida significativa de peso. Es probablemente el más estudiado hasta la fecha y uno de los pocos aprobados para su uso por las autoridades sanitarias.
Resumiendo...
Los péptidos son una realidad en la medicina. Algunos de ellos, como la semaglutida, se emplean ya de forma regular. Sin embargo se ha popularizado en el mundo del deporte y del fitness el consumo de los que prometen mejorar los procesos de recuperación. Estos son los que cuentan con mayores incertezas. Faltan estudios que muestren su eficacia en humanos y no se conocen a ciencia cierta los posibles riesgos a medio plazo, aunque se propone que el peligro es menor que el de los esteroides anabolizantes.
En cualquier caso es probable que en los próximos años surjan nuevas investigaciones y que algunos de ellos comiencen a emplearse para el tratamiento de ciertas lesiones. Eso sí, a día de hoy muchos de ellos se consideran sustancias dopantes y su consumo está prohibido en contextos competitivos.





